Estado de alarma… pero no para todos

VICTOR RECACHA / MARÍA CRISTINA PIEDRA -. “La gente no hace el confinamiento, salen con los patinetes, las bicicletas… La policía que pasa no les dice nada, y cuando llamamos por la noche por el botellón tampoco vienen”, lamenta exasperada Jenny Rodríguez, vecina del Besòs. “No pasan los de BCNeta y el barrio está muy degradado”, escribe. Mientras tanto, proliferan todo tipo de basuras en las vías públicas. Algo que los vecinos achacan tanto a la desidia de los propios transeúntes como del Ayuntamiento, al que culpan de priorizar algunas zonas de la ciudad antes que otras al distribuir los servicios de limpieza.

Las colas a lo largo de la manzana para entrar en el Mercadona, los pañuelos sucios en el suelo y los guantes de plástico usados en las calles son otras de las escenas recurrentes en la ciudad. Un problema que está causando auténtica desesperación entre los otros vecinos, los que sí se quedan en casa.

Guantes en una acera barcelonesa.
Foto: Luna Piedra

Su preocupación es que cualquier Kleenex usado o residuo deambulando por la calle pueda ser un vector de transmisión de este virus. Además, denuncian botellones al aire libre, comidas en plena calle, tertulias y todo tipo de encuentros familiares y entre amigos que se celebran como si no existiera emergencia sanitaria alguna. Parte de quienes alertan sobre esta situación dicen estar “hartos de llamar y que no vengan” cuando alertan a la policía.

“La gente no hace el confinamiento, salen con los patinetes, las bicicletas… La policía que pasa no les dice nada”

JENNY RODRÍGUEZ, VECINA DEL BÈSOS

Hace pocos días, en la línea 4 del metro de Barcelona, un hombre escupió al suelo del vagón repetidas veces. A causa del incidente la maquinista tuvo que detener el tren y bajar a todos los pasajeros en la estación de Girona. El autor de los escupitajos, cerveza en mano, se encaminó a la salida mientras pedía tabaco a todos los pasajeros que, por su culpa, debían esperar ocho minutos más hasta que llegase el siguiente tren.

Otro colectivos que se resiste a quedarse en casa pertenece al grupo de mayor riesgo: los mayores de 60 años. Existe gente mayor que sale a caminar tranquilamente por las calles sin guantes ni mascarilla, como si no fuesen conscientes de que el país en el que viven se encuentra en plena lucha contra la expansión del Covid-19.

El Carmel es uno de los barrios de Barcelona donde esta realidad se hace evidente. Javier Exposito, creador del grupo de Facebook “Yo soy del Carmelo” trabaja en el área de cocina del Hospital de Vall d’Hebron, viviendo el día a día de la pandemia muy de cerca. Cuenta con tristeza la gravedad de la situación. Exposito está muy preocupado por las pocas medidas que tienen algunas personas del barrio, en especial los mayores que “piensan que son inmunes”. Explica que ha intentado hablar con ellos: “Le dices a una persona mayor que salga protegido, que si va a salir que por lo menos lo haga con guantes y mascarilla y te dicen ¡váyase usted a la mierda!”.

Hamid Kadri, vecino del mismo barrio, confirma que la desobediencia es un problema entre las personas mayores. Ancianos dicen que no toman medidas de precaución porque “ya han vivido”. Kadrid les reclama: “Tú has vivido ochenta años, pero los demás no”. A pesar de ésto, Hamid Kadri añade que gran parte del barrio sí toma las medidas de precaución: “Aquí el barrio está desierto. La gente sale para comprar y vuelve a sus casas”.

“Le dices a una persona mayor que salga protegido, que si va a salir que por lo menos lo haga con guantes y mascarilla y te dicen ¡váyase usted a la mierda!”

JAVIER EXPÓSITO, CREADOR DEL GRUPO “YO SOY DEL CARMELO”

El simple acto de realizar la compra semanal también se ha convertido en un riesgo. Los supermercados son uno de los lugares donde se concentra un gran número de gente que, promovida por el miedo, compra sin medida.

Sobre el alcance que ha tenido la avalancha de compras por pánico en algunas zonas de Barcelona, el presidente de la Asociación de vecinos del Besòs, Francisco Abad, ironiza: “La gente hizo acopio de alimentos como si se acabara el mundo”. Un comportamiento que no encuentra razonable ni justificado, puesto que el género se repone cada día. Además, se muestra inquieto por los clientes que no respetan la distancia de seguridad para contener la pandemia cuando van al supermercado.

Mural de Besòs Mar en los antiguos cines Pere IV
Foto: Victor Recacha

Ante esta situación, los negocios y mercados municipales están siguiendo a raja tabla las medidas preventivas. Así lo explica Manuel Delgado, dueño de la Choricería Delgado del Mercat del Carmel: “De las cuatro entradas que tenemos, han dejado solo dos. Hay cola en la calle para entrar, para que no esté todo mundo dentro”, explica. Dice que nota a la gente que acude al mercado bastante preocupada por la situación del virus y los ve tomando las medidas de precaución necesarias. También resalta que algunas personas de la tercera edad no tienen precaución: “Lo que pasa es que los mayores, sobre todo si están solos, necesitan salir a la calle y hay algunas personas que pasan del asunto, pero la mayoría de la gente lo hace bien”, dice.

Pasadas las dos primeras semanas las cosas mejoraron, pero al principio de la pandemia “costó convencerlos de que no salieran de sus casas” y hubo “actitudes incívicas” por parte de los miembros del barrio, explica Custodia Moreno, líder vecinal del Carmel.

“Los mayores, sobre todo si están solos, necesitan salir a la calle y hay algunas personas que pasan del asunto, pero la mayoría de la gente lo hace bien”

MANUEL DELGADO, DUEÑO DE LA CHORICERÍA DELGADO DEL MERCAT DEL CARMEL

Una mejoría que se ha reproducido también en el Besòs, según el presidente Abad. “Al principio”, explica, “los actos públicos se extendían de manera constante por todo el barrio”. Sólo la intervención de la Guardia Urbana y los Mossos d’Esquadra, a partir del pasado sábado 21, lograron disuadirlos. “Sabemos que ha habido dos o tres detenidos, que tengamos constancia, y varias denuncias”, añade.

Los niños menores de 14 años, que llevaban confinados en casa sin salir, pudieron hacerlo desde este pasado domingo. El presidente Pedro Sánchez lo permitió: por una hora como máximo, con horario de 9:00 a 21:00 y no más de tres niños acompañados por un adulto. El día de sol y las ansias por disfrutar de la calle llevaron a un descontrol. Así lo pudimos ver en fotografías compartidas en redes sociales. En definitiva, algunos sobrepasaron el número de personas permitidas, otros se tomaron la libertad de alargar el paseo más de una hora y otros más se olvidaron de respetar la distancia de un metro.

Tras estos primeros 40 días es evidente que este encierro es más duro para ciertas personas, entre las que se encuentran colectivos como personas mayores o niños. Pero científicos y autoridades no se cansan de insistir en la importancia de que todos sigamos las precauciones de salud pública para que este confinamiento no tenga que alargarse otros 40 días más. Hay que evitar la tentación de desobedecer. Basta con que una persona escupa para que todo el tren tenga que bajar.

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